Duermevela, por Adolfo Córdova

18.01.2018

Desde el blog Linternas y Bosques, Adolfo Córdova reseña el álbum Duermevela, de Juan Muñoz-Tébar y Ramón París, entre sus lecturas favoritas del año. Novedad Ekaré 2017, disponible también en catalán: Entreson.

 

«Una niña que vive en “Duermevela” no puede dormir y sale por su ventana a caminar por la selva. Explora la noche como una moderna naturalista y con absoluta confianza: observa a los armadillos en su madriguera; acaricia a unos erizos mientras, muy cerquita, bosteza un jaguar; se encuentra con Estebaldo, un oso hormiguero, que tampoco puede dormir; sumerge la cara en una laguna llena de cocodrilos para ver quién duerme bajo el agua (este es uno de los momentos que más contundencia dan al carácter del personaje pues vemos en la superficie a varios cocodrilos pero ello no impide que la niña meta la cabeza al agua); hasta que finalmente descansa un rato sobre varias hojas de nenúfares antes de volver a su cama.

 

Duermevela es un libro que causa ensoñaciones llenas de plantas ondulantes. Quizá pueda ser “clasificado” como un libro para leer antes de dormir e invitar al niño o niña a que se duerma, pero doy fe de que sucede lo contrario… o por lo menos en un primer momento. Lo leí a un sobrino y sólo “sirvió” para que se despertara más y recorriera fascinado toda la espesura en el libro. Quería buscar más animales y hasta especies desconocidas por el ser humano.

 

Duermevela también conecta con los primeros dos libros que reseñé en esta entrada y con otros muchos libros para atravesar la noche, pero propone una lectura más pausada que va revelando de a poco sus múltiples capas de significado. Aunque es un hecho fantástico que una niña salga sola a explorar la selva y tenga de amigo a un oso hormiguero, el tono es realista. No hay hadas ni umbrales mágicos en este bosque ni resulta al final que todo fue un sonambulismo. La expedición nocturna sí ocurre. La niña actúa con conciencia de sí misma, y esto no es menor, los autores nos demuestran así que ella va conquistando su autonomía. Sin padres a la redonda. Esta ausencia da mayor sentido a sus acciones. La duermevela, el entresueño en el que habita, representa uno de los muchos entreactos que experimenta el lector; quizá sea ese tránsito entre la primera y la segunda infancia, el de la infancia a la adolescencia… o cualquier otro cambio real o simbólico. En todo caso, la niña nos demuestra que con una lámpara para ver las cosas y alguna buena compañía, se puede avanzar mejor y descansar después.

 

Las ilustraciones son un paso adelante hacia las innovaciones plásticas de la ilustración digital, en ellas confluyen muchos lenguajes, la animación, el cómic y el dibujo clásico. Bellísimo libro.»